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    jueves, septiembre 17, 2015

    ¿Por qué temerle a la sentencia de Leopoldo?

    Yo no sufro de “eleccioncosis aguda”, esa enfermedad que está afectando a miles de mis paisanos venezolanos, que coarta la capacidad de mirar la realidad desde un ángulo distinto al de los resultados electorales. No voy a reflexionar, por lo menos por ahora, sobre los efectos de esta sentencia sobre las elecciones del 6D.


    Apartando el debate electorero (el de ver qué produce mas votos), ese que algunos llaman “debate político” sin serlo, creo que muchos chavistas deberían estar preocupados por la forma como se manejó el juicio a Leopoldo, sobre todo por las serias dudas que generó la sentencia dictada. También los opositores deberíamos preocuparnos. Pero los opositores, la gran mayoría, sabemos dónde estamos y que esperar de las instituciones venezolanas en este momento, sabemos que no hay independencia de poderes, que el ejecutivo tiene subordinado al legislativo y al judicial (y a esas rarezas que se inventaron del poder moral, ciudadano, electoral, comunal y otras sandeces).

    Por eso, respetuosamente, dirijo estas letras a los chavistas.

    A ustedes que creen que “tenemos patria”, que creen que sí hay justicia, que creen que se cumplen las leyes y se valoran los principios jurídicos; pero sobre todo, que creen que se respetan los Derechos Humanos en este país.

    A ustedes que creen que todas las denuncias que se hacen sobre el daño que este régimen ha ocasionado a la institucionalidad venezolana son falsas, solo porque, con triquiñuelas o sin ellas, el chavismo ha ganado elecciones, una tras otra, de manera consecutiva (¿se fijaron como están contagiados de “eleccioncosis”?).

    A ustedes, optimistas de buena fe, les hago un llamado a reflexionar sobre su realidad, (quizás a comprender aquel viejo concepto socialista de “conciencia de clases”): ¿Qué son ustedes?.

    Ustedes que hoy pasaron el día en una cola en el Supermercado Bicentenario, o en Mercal o Pdval, para conseguir los alimentos más básicos, ¿son respetados en su dignidad?.

    Ustedes que van de hospital en hospital, de ambulatorio en ambulatorio buscando cualquier remedio para sus enfermos, ¿son redimidos?.

    Ustedes que ven el futuro de sus hijos pasar tan rápido y nunca llegar a nada, ¿son felices?.

    Ustedes, los que apenas pueden mal vivir con un salario mínimo, ¿Se sienten realizados?.

    Ustedes los que han sido víctima del hampa, ¿se sienten seguros?.

    Deberían saber que los diputados que elegirán en las próximas elecciones, pasarán a pertenecer a una casta de privilegiados, si acaso ya no están. Ellos probablemente ganarán en un mes lo que a ustedes les costará varios meses ganar. Deberían saber que los gobernadores y alcaldes también tienen privilegios, por eso nunca los ven hacer colas; que los ministros están bien seguros y viven felices, sus hijos reciben buena educación y comen bien. (me disculpan mis copartidarios candidatos opositores pero no puedo dejarlos fuera de este festín).

    Espero que con esto entiendan que el mundo no se divide únicamente en “chavistas” y “pelucones”, no. El mundo acepta muchas divisiones y yo les propongo esta: Poderosos y Pendejos (llamémosle la “división de las dos P”, ¿qué tal?)

    Sin que signifique una ofensa, si no tienen todos los privilegios que ya mencioné arriba, no son precisamente del grupo de los poderosos.

    Y todo esto, ¿qué tiene que ver con la sentencia de Leopoldo?

    Esta sentencia es el signo más evidente del deterioro del sistema judicial, les guste o no. Un sistema judicial sano debería marcar un punto de equilibrio entre los poderosos y los pendejos (y a ese tratamiento balanceado lo llamamos justicia). Un sistema judicial disfuncional siempre se parcializa, obedece y privilegia incondicionalmente a sectores, es decir, se aparta de la justicia.

    (Para revisar si vamos por la misma vía les pregunto, bajo la óptica de la “división de las dos P”, cuando un sistema judicial se hace disfuncional, ¿a quién beneficiaría, a los poderosos o a los pendejos?)

    Ahora ustedes que no son poderosos, aunque cierta propaganda les ha regalado algo de esa ilusión; ustedes, que se ganan honestamente la vida haciendo sacrificios, sin disfrutar de más privilegio que hacer mucho esfuerzo para tener un poco de algo, ¿han pensado que alguna vez pudieran tener algún conflicto judicial con alguien de su propia tendencia política, pero de la clase de los poderosos?, ¿acaso creen que el destino solo les deparará tener diferencias con sus contrarios políticos?, ¿o creen que por decirles que son y han sido chavistas, han asistido a todas las marchas y hasta han simulado aportar parte de sus salarios para alguna que otra campaña, eso les va a salvar si sus intereses son contrarios a los de los poderosos?

    Lo único que pudiera salvarlos es un sistema judicial, que aplique una justicia equilibrada, balanceada (y si se desbalancea, que sea para aplicar el indubio pro-pendejo), ajustada las leyes, a los principios jurídicos, garante de los Derechos Humanos, imparcial, que no se subordine a los poderosos, que sea capaz de ser independiente, sobre todo, que no deje dudas. Es decir, una justicia verdadera.

    El no tener esa justicia debería asustarles, amigos, como me asusta a mí.

    Esta noche, cuando vuelvan a sonreír, porque les encantó la sentencia… piensen en esta frase que escuché esta semana en el Mercado de Cumaná: “el mundo es redondo, por eso no hay que escupir pa´rriba”.

    PD. Si eres poderoso, no leas esto, no es contigo… evítate la molestia.

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