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    viernes, febrero 24, 2017

    El discurso de Cariaco

    Corría el año 1947. Entonces el país se encontraba en una situación política delicada: había que elegir al primer presidente en una democracia que no había podido ser consolidada. Dos años atrás, mediante un golpe de estado se había derrocado a Medina Angarita y se había conformado una Junta Revolucionaria de Gobierno presidida por Rómulo Betancourt, quién para esa época era la máxima figura del partido blanco (AD).


    Betancourt se preparaba para las elecciones y para ello confió la candidatura presidencial adeca a un insigne escritor: Rómulo Gallegos.

    Gallegos tenía la tarea de derrotar a los principales partidos políticos de la época: URD, COPEI y PCV (a estas alturas las siglas no interesan mucho, total los partidos nunca fueron lo que ellas representaban).

    Esos partidos afinaron sus estructuras (lo que después llamarían "maquinarias") y, a pesar de que Venezuela no contaba con vías y medios de comunicación aceptables, lograron armar sus campañas a todo lo ancho del territorio nacional.

    Es así como esta contienda llega a Cariaco, población rural importante del Estado Sucre, en el cual se produjo este célebre discurso.

    Dice la leyenda que el ponente fue un tal Asunción Guzmán, militante de AD, orador encargado de recibir al mismísimo Gallegos en Cariaco. El autor, al parecer, fue un tal Andrés Barrios, militante de URD (principal partido de contrapeso a AD); pero según el discurso fue aderezado por todos los que estaban "echándose palos" en el bar donde Guzmán y Barrios se reunieron para escribir... Nunca sabremos si el señor Barrios le hizo esto a propósito al señor Guzman.

    Este es el memorable discurso de Cariaco...

    Compañeros deportivos: hétenos aquí solemnemente instalados, serena la mirada, seguro el porvenir; aquí en Cariaco, con sus ríos caudalosos, sinuosos, brumosos y hermosos; aquí en Cariaco, con sus techos rojos, su blanca torre, sus azules lomas y sus bandas de tímidas palomas que hacen nublar de lágrimas mis ojos: porque Cariaco no es Casanay, ni Casanay es El Pilar, ni El Pilar es Tunapuy, ni Tunapuy es Pantoño, ni Pantoño es Cariaco, y yo estoy hablando precisamente en Cariaco (grandes ovaciones).

    Por aquí pasó un tal Jóvito Villalba (silbidos y rechiflas) y se fue, pero no importa, porque como dijo nuestra querida compañera Juana de Arco, en un mitin de Acción Democrática en Tucupita, un amor se va ¡cuantos se han ido! Otro amor volverá más duradero y menos doloroso que el ya ido.

    Aquí está con nosotros el compañero Severo Cortés, que no es severo ni cortés, pero es valiente. El compañero Severo, antes de la revolución de octubre, no sabía leer ni escribir y hoy pesan sobre sus espaldas cartapacios de libros y plumarios, y es de Correspondencias, Actas y Secretario, 192 de la Independencia y 85 de la Federación del año que sigue y cursa. (Prolongados aplausos)

    Estamos satisfechos compañeros, por la obra creada desde el poder. En los años que tiene el compañero Betancourt al frente de la Junta Revolucionaria de Gobierno, hemos construido nada menos que la Cordillera de los Andes, la Cordillera de la Costa, el Cabo de Tres Puntas, San Francisco, Malapascua, Punta Cardón, Punta Arena y la Península de Araya. Y si no hemos hecho el acueducto de Margarita, a los adecos nos cabe la honra de haber hecho la isla que no es lo mismo.

    Acuérdense compañeros, del compañero José Francisco Bermúdez, que montado en lo alto de este jabillo y mirando hacia el poniente dijo: “cariaqueños, de lo alto de este jabillo, cien siglos os contemplan”; acuérdense del compañero Simón Bolívar, cuando paseaba en las góndolas llenas de belleza, allá en Venecia, con su prima Fanny; y acuérdense también del compañero Jesucristo, cuando con cinco panes y cinco sardinas le dio de comer a cinco mil personas y eso que no había Junta Reguladora de Abastecimiento.

    Compañeros, fíjense hasta donde llega el sectarismo de los urredistas, el sectarismo marrón, que una obra como Romeo y Julieta, los urredistas dicen que la escribió un tal “Cheskespiare”, claro, porque el “Cheskespiare” es urredista, pero todos sabemos en el partido que esa obra salió de la pluma vigorosa del compañero Domingo Alberto Rangel.

    Compañeros… yo lo único que les pido es que voten por Rómulo Gallegos para la presidencia de la república. Gallegos es grande en el pensamiento y en la acción; Gallegos es tan grande, compañeros, que es capaz de echarse encima, él solo, la América del Norte, la del Centro, la del sur, Monagas, Anzoátegui, Nueva Esparta y Trinidad. Y abajo la banca, la industria y el comercio.

    Estruendosos los aplausos, los gritos, silbidos y rechiflas…No se entendieron las últimas palabras.

    Mi padre guardaba entre sus cosas un recorte desvencijado  con este texto (si mal no recuerdo eral del diario El Nacional) al cual apelaba en ocasiones para provocar algunas risas entre amigos. Así fue como me enteré de esta muestra de venezolanidad.

    Mas allá del tono humorístico, este discurso representa una parte esencial de la política en este país. Cualquiera que se pare en público y diga cualquier barrabasada va a ser aplaudido dentro del fragor del enceguecedor fanatismo partidista... Solo noten cómo hoy día abundan los discursos políticos sin contenidos, no tan cómicos como este, pero tristemente mediocres y "tomados en serio".


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