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    jueves, febrero 16, 2017

    La autopublicación: ciudado si te invitan a publicar tu tesis

    La red ha dado origen al más extenso inventario de servicios que se pueda imaginar. Hoy me dedicaré a la “autopublicación”.


    Se trata de tomar cualquier obra (libro, tesis, ensayo, novela, poema y todo lo que pueda editarse digitalmente) que exista en algún formato electrónico (epub, pdf, txt, docx), almacenada en cualquier biblioteca o repositorio digital, para comercializarla en línea como un libro impreso.

    Es decir, por poner el caso que más usan las empresas que ofrecen este servicio, se pide a un estudiante la autorización de publicar su tesis (eso suele ocurrir por email), ellos la publican on-line (generalmente fragmentos), permiten al autor decidir algunos aspectos del formato (portada, tamaño, tipo de papel, etc.; de todas formas en la mayoría de los casos los errores de materiales quedan) y la ofrecen en venta por pedidos como un libro impreso ¡Todo a través de Internet!.

    Como aspecto positivo destaca el hecho de que este servicio facilita la impresión que cualquiera puede hacer de su propio material. Hasta ahora no pareciera algo extraordinario puesto que desde siempre cualquier persona puede mandar a imprimir sus propios libros. Pero este servicio, además de facilitar el libro, lo pone en venta en el mercado global (incluso en ocasiones los autores participan de los beneficios económicos).

    Sin embargo, no todo es color de rosas. Hay cosas que pueden resultar cuestionables desde el punto de vista ético.

    En principio, algunas de estas empresas se hacen pasar por editoras, incluso se esfuerzan por tener un nombre que se parezca a alguna o que por lo menos deje esa idea, cuando a los sumo son imprentas con procesos virtuales y comercializadoras en línea.

    El problema con las empresas de autopublicación que “simulan” ser editoras es que, en no pocos casos, crean la falsa idea de que los materiales que publican han sido seleccionados (por su calidad) revisado (internamente) y arbitrados (por terceros) como lo harían la mayoría de las editoras; por tanto, el material se vende como probablemente de alta calidad y confialbilidad, cosa que si puede ser, no se niega; pero que no está garantizada. En realidad la mayoría de estas “autopublicadoras” producen cualquier cosa que se les autorice, especialmente tienen un voraz apetito por tesis de grado, de postgrado y doctorales (a las cuales suponen ya evaluadas).

    Los aspirantes a autores deben ser muy cuidadosos y no dejarse llevar por la idea de que ha sido la calidad de su trabajo lo que atrajo a estas empresas. El método de las mismas es casi siempre explorar indiscriminadamente bases de datos académicas y mandar solicitudes muy “enamoradoras” a los autores de los trabajos. Pero estos autores deben saber que existe una gran posibilidad de su obra aparezca vinculada editorialmente a cualquier otro tipo de trabajo de calidad dudosa. Quizás por eso, estos “libros” no terminan de ser aceptados como obras de prestigio en el mundo académico.

    Es comprensible que algunos potenciales autores legítimamente se ilusionen con el hecho de ser elegidos. Ellos no saben que estas falsas editoriales emiten invitaciones a diestra y siniestra tratando de pescar inocentes ambiciosos. Algunas de estas empresas exigen un pago para “sacar el libro” y endulzan la cuestión mandándote uno o dos ejemplares físicos. Este pago les garantiza rentabilidad ante el hecho de que los libros de “autopublicación” no suelen venderse muy bien. Ese es el modelo de negocio de la mayoría de las autopublicadoras.

    Otros “autores” si saben que no se trata de ninguna editorial, que su obra no fue arbitrada por nadie y hasta que su “libro” a lo mejor no se va a vender, pero aprovechan la oportunidad de vivir la ilusión de ser autores de un libro editado por un tercero generalmente “internacional”. Esta fantasía alimenta cierta vanidad social-académica. Pero a veces genera el efecto contrario debido a que muchos ya saben la mecánica de la autopublicación (si te llegó un correo con alabanzas por trabajo y solicitando autorización para “publicarlo”, seguro también le llegó a un montón de tus compañeros, cuyos trabajos se almacenan digitalmente junto al tuyo).

    También está el asunto del mercado, estos libros son vendidos en plataformas propias de las autopublicadoras o en plataformas de comercio electrónico de terceros (destacan Amazon y Ebay), pero todo el control contable-financiero de las ventas es manejado por las empresas y a los autores no les queda más que confiar en su buena fe. De todas formas, insisto, el negocio no está en la venta de los libros, acá cliente no es el lector (como en las editoras), sino el cliente es el autor mismo.

    Hay que tener mucho cuidado con lo que se autoriza en el contacto con estas supuestas editoras, porque se pueden poner en riesgo los derechos de autor y propiedad de los materiales que se consignan. Leer las letras pequeñas y consultar con abogados antes de cualquier autorización es un buen consejo (¡pilas! una autorización digital vale igual que una en papel).

    Además, se debe considerar que en ocasiones el material académico está sujeto a normativas de las instituciones donde se presentan y esto puede “chocar” legalmente con la explotación comercial que otros hacen de dicho material.

    Por cierto, estas publicaciones acaban con la condición de inedición que exigen la mayoría de las revistas arbitradas e indexadas, muy importantes en el mundo académico, lo que implica que tu material ya no podrá calificar para estas.

    Lamentablemente, algunas de las empresas manejadoras de estos servicios se han dado a la tarea de localizar material de cualquier tipo, incluso accediendo a bases de datos de universidades con el único propósito de incrementar su catálogos de contenidos sin preocuparse por la calidad de lo que se “vende”, eso aleja a los autores que piensan en la calidad y proyección de sus trabajos.

    Obviamente existen excepciones, ¿cómo reconocerlas?.  Pues bien, las más serias y recomendables no usan una estrategia invasiva de promoción y captación, no envían correos solicitando autorización, son cuidadosas (y hasta complicadas) con el asunto de los derechos de autor y de propiedad y no suelen hacerse pasar por editoras…

    Particularmente recomiendo tener mucho cuidado con el uso de la autopublicación.

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