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    jueves, marzo 02, 2017

    El gremio de los miserables

    El destemple del gobierno venezolano tratando de tapar "goteras" cuando el país está inundado por lo cuatro costados, ese es el que muestra cuando decide resolver lo menos importante para evadir lo más importante. Estando las universidades venezolanas en su peor situación histórica, casi al borde de su inoperancia, con problemas que van desde la insuficiente dotación de recursos económicos (incluyendo la reducción real de los salarios de los universitarios), pasando por el descarado desmejoramiento académico y la pérdida casi absoluta de la autonomía, sorprende atendiendo ¿¿"el problema de la previsión social del personal"??. 

    (Ya lo de dicho antes) Eso lo hace sentir a uno como cuando va en un avión en picada, a punto de estrellarse, y el capitán le preocupa que la alfombra tiene una manchita. Así de ridículo luce el asunto en el contexto de la gigantesca crisis universitaria que ha generado esta revolución.

    La cosa es peor cuando miramos que la solución está fuera de foco: sustituir los institutos de previsión social (con serios problemas) por una compañia de seguro ineficiente y de (quién presumimos) dudosa sanidad financiera... Razones suficiente para que cualquiera, con dos dedos de frente exija no solo explicaciones, sino toda una ronda de debates y discusiones (se trata de nuestro seguro de salud, nadie puede tener más interés que nosotros en este asunto, ni siquiera el gobierno).

    Es así como en nuestro gremio se fueron formando las presiones para discutir este asunto hasta que se se dieron convocatorias para alguna que otra asamblea, a las cuales no he podido asistir porque generalmente se hacen en horas de las tarde (y mis tardes están comprometidas).

    Curiosamente la directiva del gremio, lejos de cumplir con sus funciones reglamentarias y éticas, de representar nuestros intereses y acogerse a las decisiones de la asamblea a las cuales debe dar ejecución en su rol de mandataria, se han avocado a la defensa de los intereses politiqueros del gobierno. Al parecer, los esfuerzos están orientados a evitar cualquier discusión... (postura lógicamente entendible cuando sabes que la discusión está perdida antes de comenzar, pero no aceptable).

    El asunto llegó a magnitudes inexplicable como las que describe la Profesora y amiga Adriana Cabrera en estas letras de abajo, al parecer víctima de la falta de argumentos racionales de los defensores del "paquetazo" que nos están dando...


    Acá les dejo su relato...

    El gremio de los miserables
    Adriana Cabrera
    La condición del gremio de la Universidad de Oriente-Núcleo de Sucre es miserable.

    En miserable situación económica y laboral nos encontramos los profesores, quienes con nuestros sueldos no podemos alimentarnos adecuadamente, ni pagar servicios, ni sufragar la atención de nuestra salud. Este estado tiene responsables. Sufrimos las consecuencias de miserables políticas gubernamentales que han asfixiado presupuestariamente a las universidades y nos han arruinado, y de la pobrísima integridad de una dirigencia gremial que ha obviado los compromisos éticos que le obligan a defender la dignidad de nuestras condiciones.

    Allí donde la miseria anida todo se arruina, se agosta y perece.

    La valoración de nuestra propia dignidad como docentes y universitarios debería conducirnos a actuar, en primer lugar, de manera correcta. Un docente se forma no solo como transmisor de un saber, sino también como el pulso que hace de sus actos y palabras ejemplo de adecuación ética. No es una idea romántica, es el deber ser docente, de profunda utilidad para garantizar la salud moral y ciudadana. Sin embargo, sistemáticamente, nuestra dirigencia gremial –todos profesores– ha obstaculizado cualquier iniciativa legítima de defensa por parte del profesorado. En la última asamblea de profesores, realizada a petición de un grupo importante de colegas para discutir asuntos muy prioritarios de la administración de nuestro HCM, se han quebrantado abiertamente los mecanismos democráticos que deberían sostenernos y se ha escalado directamente al abuso, el autoritarismo, la amenaza y la retaliación.

    Una reunión que debió concluir en una institucional segunda convocatoria, pereció desde un micrófono, secuestrado destempladamente por el presidente del gremio, que exponía como vergüenza pública los nombres de profesores que habían solicitado recursos para atender casos de salud y habían, también, ejercido su derecho a solicitar una asamblea. Se lesionó su privacidad y se les conminó a la sumisión. Según el presidente del gremio, quien usa su seguro no puede ejercer su derecho de debatir su calidad o funcionamiento.

    Vi con indignación afirmarse en sus patas un nuevo-viejo orden: el orden de la miseria.

    Desde ese nuevo-viejo orden, escuché al profesor que dirige nuestro gremio desencajarse en una acusación directa: Yo no tenía vergüenza. Me gritaba. Hace dos años mi esposo se operó de una enfermedad grave con una ayuda del Estado; entonces, yo, la desvergonzada, no podía estar allí reclamando mi derecho a deliberar y decidir.

    Entendí. Se me ordenaba el cumplimiento de un contrato degradante: si había usado dinero del Estado para la salud de mi esposo debía silenciar conciencia y boca.

    Cuánto aprendí al asomarme a ese pozo de oscuridad.

    Por eso escribo estas líneas y por eso seguiré exigiendo lo que considere mi derecho y denunciando la miseria. Para no hundirme en ella.

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