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    martes, febrero 13, 2018

    El misterio del dólar y los precios: Una fábula de falsa mayéutica

    -¡Profe!, ¿Le puedo hacer una pregunta? -Sonó una voz impertinente a nuestras espaldas.

    Yo iba con otro profesor y con la asistente del postgrado. Reconocí aquella voz, pero seguí mi andar, no estaba seguro de con quién era el asunto. Estos son días de abundante soledad en el campus.


    -¡Profe Rafael! ¡Una preguntica, es sobre algo que nadie me ha podido explicar! -dijo con un tono más insistente.

    No sé si fue porque escuché mi nombre o por mi “vena curiosa” por lo que me detuve. Mis acompañantes siguieron caminando y se pararon a unos pocos pasos.

    -Profe disculpe que lo moleste, pero es algo que tengo en la mente desde hace tiempo.

    -¿Qué hubo? ¿Cómo estas tú? -le dije al tiempo que terminaba de reprimir mis ganas de seguir caminando y hacerle uno de esos gestos que a veces significan “déjalo para después” o “déjalo para nunca jamás”.

    -Fino Profe, ¿Me puede ayudar con algo?.

    -Si, claro Juan -Así se llama este joven, uno de los más inquietos de mi clase de pregrado de hace un poco más de un año.

    -Profe, me puede explicar el fenómeno que se da con eso de que cuando aumenta el dólar los comerciantes aumentan el precio de todos los bienes; pero cuando el dólar baja los precios no bajan, ¿Qué pasa en ese caso?

    Lamenté haberme detenido, no puedo negar la decepción que sufrió mi “vena curiosa”. Este “misterio” no merecía tanta atención.

    -Profe -continuó cuando notó mi cara de indiferencia -es que hablaba con un comerciante en diciembre y él me decía que todo lo aumentaba porque aumentaba el dólar, pero cuando el dólar comenzó a bajar a finales de ese mes y comienzos de enero, él no bajó los precios, al contrario. Luego al final de enero volvió a subir el dólar y él siguió  disparando los precios. ¿Usted cree que se trata de los costos de reposición?, ¿No será que los comerciantes son tracaleros y solo quieren especular?.

    La primera pregunta me sacó una sonrisa, comprendo que para los contadores los costos parecen ser la fuerza que mantiene unido el universo y Juan era un estudiante de contaduría. Y la segunda, esa se basaba en el patético argumento con el cual los venezolanos nos explicamos casi cualquier “desbarajuste” en lo económico, lo político, lo social y en casi todos los ámbitos (hasta lo deportivo y lo farandulero): la corrupción.

    -No Juan, no tiene nada que ver con ni con lo uno ni con lo otro. En realidad al problema lo estás mirando desde la perspectiva incorrecta, las cosas no son tan planas ni lineales. 

    No quería seguir por esa vía para no cuestionar más su epistemología en gestación, pero él insistía.

    -¿No?, ¿y entonces?. Alguna lógica debe haber, según lo que usted dice en clases, los fenómenos económicos tienen siempre sus determinantes.

    -Claro, pero en este caso no se trata de costos ni de corruptelas. Hay que tratar de ver el fenómeno desde otro ángulo, quizás más estructural, y entonces verás que la respuesta es muy sencilla.

    -Seguro me va a salir con una de las de usted… de esas cosas raras que siempre saca.

    Quise seguir hablándole de las mentiras que parecen verdades y como descalibran al mundo; pero era salirme del tema de su interés. Además recordé que mis amigos aún me esperaban unos pasos más adelante.

    -Mira Juan, en realidad estamos ante una falacia tipo “Cum hoc ergo propter hoc”. El hecho de que el tipo de cambio suba y simultáneamente también suban los precios de los bienes no implica que exista una relación de causalidad total entre ellos. Quizás un cierto grado de afectación “a medias” (o quizás “a cuartas”) pero para nada determinante. Lo que realmente ocurre es que las fuerzas que impulsan los precios de los bienes también impulsan al precio del dólar.

    -Ya me jodió Profe, yo sabía que iba a salirme con esos argumentos raros.

    -Mira, en Venezuela todos los precios suben por causa de la cantidad de bolívares que han sido emitidos.

    -¡¿De los bolívares?! -Exclamó -¿Cómo así profe?.

    -Es que acá solo el bolívar es dinero, el dólar es una mercancía…

    -Si, lo sé -me interrumpió intempestivamente -eso lo estudiamos con el Profesor Muñoz en “Moneda”, el nos dijo que la moneda de curso legal era el bolívar y que la divisa era una mercancía, que como cualquier otra se puede vender y comprar con bolívares.

    -Claro, y si hay un escenario inflacionario el precio de todas las mercancías va a subir, incluyendo al dólar.

    -¿Usted lo que quiere decir es que la devaluación y la inflación son la misma cosa?.

    -¡Ajá!, la devaluación es la inflación en el mercado cambiario.

    -Hmmm… Entonces es porque se compran con bolívares -dijo con un tono tímido que casi fusiona la afirmación con la interrogación.

    -Allí está la causa de que haya tanto inflación como devaluación, esa es la causa común -le dije.

    -Pero siempre se han comprado con bolívares.

    -No -me apliqué con cierto desdén -no es porque se compra con bolívares, es porque los bolívares que con que se compran los artículos y los dólares son cada vez más, mientras estos (artículos y dólares) son cada vez menos.

    -Ah! Comprendo como la balanza que usted explicó en clases -me sorprendió que recordara después de un año como se equilibran los mercados.

    -Si, si hay menos dólares y menos bienes por un lado, y más bolívares por el otro, entonces cada unidad de los dos primeros se corresponderá con un monto mayor del segundo, es decir con un precio más alto.

    -Si claro profe, ya entiendo…

    Comencé a querer lucirme con lo que mejor hacemos los economistas: Elucubrar racionalmente.

    -Mira, hagamos una simulación -le propuse -supongamos que hace tres años en Venezuela solo se producían 100 “bienes X” y había solo 50 dólares en la economía, además, en total habían 200 bolívares en manos (y cuentas) de la gente (liquidez monetaria). De esos últimos tomamos la mitad a comprar todos los “bienes X” (y solo eso) y la otra mitad para cómprar todos los dólares (y solo eso), ¿Cuánto costaría cada “bien X”?, ¿cuál sería el tipo de cambio?

    Sacando cuenta me dijo:

    -Profe la mitad serían 100 bolívares… para comprar solo los 100 “bienes X”, entonces cada “bien X” costaría un bolívar… y con los otros 100 bolos se compran 50 dólares… ¡yal! Cada dólar costaría 2 bolívares.

    -Perfecto -le dije -ahora supongamos que llegamos al presente, y apliquémosle a nuestro caso ficticio el comportamiento real, en nuestro país, de las variables involucradas, comienza a anotar por favor:

    Le dicté lo siguiente, basado en los porcentajes reales del 2015 al 2017 en Venezuela. Él anotó con cierta paciencia:

    DATOS: en los últimos tres años...

    (a) El producto interno bruto se contrajo casi un 40%, ya no hay 100 “bienes X” sino 60 disponibles.

    (b) Las reservas internacionales se desplomaron un poco más de 36%, cayeron de 50 dólares a 32 dólares.

    (c) ¡Lo peor! La liquidez monetaria aumentó enormemente un poco menos de 4.000%, pasó de 200 bolívares a 8.000 bolívares.

    -¿Puedes recalcular todo en el escenario actual? -Lo reté.

    Se puso serio, optó por la calculadora, anotó algunas cosas en un cuaderno desvencijado y al terminar me dirigió una mirada iluminada:

     -¡Coño profe!, Los “bienes X” subieron de 1 bolívar por unidad a mas de 66 bolívares y el dólar subió de 2 bolívares por unidad a un poco más de 124 bolívares. ¡Hiperinflación y megadevaluación!

    -¿Viste que el asunto no es precisamente como lo planteaste al inicio?, ¿Notáste cómo la cantidad de dinero trastoca todo?.

    -Cierto profe! -Dijo un poco eufórico, total le permití el crédito de creer que dedujo la solución a su “misterio inicial”.

    Traté de explicarle que su error tenía cierta lógica:

    -Como tenemos la tendencia a prensar erróneamente que el dinero es neutral, lo sacamos de la ecuación y solo dejamos a los precios de los bienes y el tipo de cambio, que al aumentar simultáneamente sencillamente nos puede llevar a pensar equivocadamente que existe una relación de causalidad entre ellas; claro, esta ilusión se apoya en que el dólar incide en los costos de importación y en Venezuela casi todo se importa. 

    -Profe entiendo, pero de todas formas, ¿si estamos importando casi todo entonces el precio del dólar más alto no debería hacer más caros esos bienes que le compramos a otros países?.

    -Claro, pero ese no es el origen del problema. Mira, si la liquidez no aumentara tan exageradamente no aumentaría el precio del dólar, por tanto no aumentarían los precios de los bienes importados; pero tampoco aumentarían los precios de los bienes que no son importados. Por tanto, no es la relación de costo lo que encarece las cosas (los bienes no importados no se pagan en dólares y también aumentan). La emisión inorgánica de dinero es el origen del mal.

    -Como por ejemplo el pescado fresco en Cumaná, que aumenta el precio y no es importado -puso cara de reflexivo -Entiendo, una cosa no lleva a la otra… 

    Yo no le entendí eso último que dijo, pero prosiguió antes de que le preguntara.

    -Pero igual profe, si tienen la misma causa ¿por qué el dólar bajó a finales de diciembre y los precios siguieron subiendo?, ¿no deberían comportarse igual?.

    -Tienen la misma causa, pero no los mismos determinantes temporales. Fíjate, en el caso del mercado cambiario periódicamente ocurren "tomas de ganancias”. Cuando el precio del dólar subió lo suficiente todos quisieron venderlos y hacerse de buenas ganancias especulativas (recuerda, para los gastos navideños). Al hacerlo, se incrementó la oferta total de divisas en el mercado paralelo lo que provocó una caída temporal del tipo de cambio no oficial. Pero después de las fiestas, el precio del dólar volvió a su ritmo ascendente. Eso es un ciclo, pero en el fondo las ganancias especulativas en la compra-venta de dólares terminan siendo posibles gracias a las cantidades excesivas de bolívares que hay en el sistema. Sin tanto dinero inorgánico, el ciclo cambiario fuera mucho más largo. La causa subyacente sigue siendo la forma como está incrementando la liquidez en este país. 

    -Pero alguna razón habrá para que se emita tanto dinero, ¿no? -me interrumpió.

    -Si claro, la hay -le dije haciendo un gesto de despedida -financiar el gasto público para sostener el populismo y así, en pocas palabras, seguir gobernando.

    Levanté mi mano derecha para indicarle que habíamos terminado.

    Juan se alejó sin despedirse. Tampoco dio las gracias. Parecía repetirse en voz baja “los precios de los bienes no suben porque el dólar aumenta, sino porque aumenta la cantidad de bolívares… el dólar sube por la misma razón… al final todo sube porque los que gobiernan quieren seguir gobernando”. Su silueta parecía más desesperanzada en la medida en que se alejaba.

    A fin de cuenta, el conocimiento no nos hace más felices.

    Me di la vuelta, busque a mis acompañantes, se habían ido.

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