• Mi blog...

    sábado, marzo 24, 2018

    Impresiones sobre la reconversión monetaria 2018

    El Presidente Maduro anunció unas medidas a las cuales indiferentemente calificó de  “cambio del cono monetario” y/o de “reconversión monetaria” en su discurso, como si se tratara de la misma cosa. Sin embargo, al detallar su propuesta, no pude evitar calificarla de “reingeniería monetaria” por su magnitud y su complejidad… y quizás por eso debemos preocuparnos mucho más.

    A continuación mis impresiones...



    ¿Qué propuso el Presidente?


    1.- En principio, una reconversión monetaria. Eso implica CREAR una nueva moneda con carácter permanente o temporal, es por eso que está hablando de un “bolívar soberano” en sustitución del bolívar (supongo que esta denominación será temporal, como ocurrió con el “bolívar fuerte” tras la reconversión de 2008, cuya denominación legalmente dejó de existir en 2012 cuando se desmonetizaron todas las especies del cono monetario que le precedió).

    El “bolívar soberano” será equivalente a 1.000 bolívares; lo que es entendido por muchos como “quitarle tres ceros” a la moneda.

    2.- Como es  lógico, toda reconversión monetaria lleva implícito un cambio del cono monetario. Es así como se plantea la existencia de las siguientes especies (modo billetes):
    • 2 BsS.
    • 10 BsS.
    • 20 BsS.
    • 50 BsS.
    • 100 BsS.
    • 200 BsS.
    • 500 BsS.
    * Aclaro usaré el signo BsS. para indicar que se trata de “bolívares soberanos”, si embargo advierto que esta simbología no es la oficial, por lo menos hasta ahora.

    3.- Como parte del cambio del cono monetario, también propuso la re-metalización de la moneda, es decir la emisión de monedas metálicas (ya casi olvidadas por los venezolanos y desconocidas para gran parte de las nuevas generaciones). Así se plantea la circulación de las siguientes monedas:
    • 0,25 BsS.
    • 0,5 BsS.
    • 1 BsS.
    Como notarán, no se prevee la resurrección del “fuerte” o moneda de cinco “bolívares soberanos”.

    4.- Además se contempla una “refacción monetaria”, es decir un cambio en la forma material de las especies monetarias. Supongo que será más notoria en los billetes. Hasta ahora, según he visto en las redes, se plantean usar las siguientes figuras (Click en las imágenes para verlas más grandes).

    Billete de 2 (Josefa Camejo).

    Billete de 5. (José Félix Ribas).

    Billete de 10 (Rafael Urdaneta).

    Billete de 20 (Simón Rodríguez).


    Billete de 50 (Antonio José de Sucre) (¡Al fin en un billete no conmemorativo! -Lo celebro-).

    Billete de 100 (Ezequiel Zamora).

    Billete de 200 (Francisco de Miranda).

    Billete de 500 (Simón Bolívar).

    Y las monedas

    Este detalle no es algo a ignorar. La simbología del billete es importante en su manejo y en las primeras de cambio. El rediseño puede generar confusión, sobre todo cuando se está inmerso en una reconversión.

    5.- También habrá una adicional “monetización” o ampliación en la composición combinatoria del cono monetario. Ya habrán notado la aparición de unos billetes que no existían en el moribundo cono monetario (de 2 BsS. y de 200 BsS.), además de las nuevas monedas.

    Como se puede evidenciar, la complejidad del esquema es bastante alta. Por eso, insisto, lo considero un proceso de “reingeniería monetaria”, como si destruyéramos a la moneda actual y recomenzáramos con una nueva moneda partiendo de cero.

    El nuevo “bolívar soberano” entrará en vigencia el próximo 4 de junio, hasta esta fecha será el plazo para utilizar o depositar los billetes "actuales" en la banca nacional pública o privada.

    ¿Hace falta todo esto?


    Si, claro…

    Desde el año 2014 comenzaron aparecer las señales de disfuncionalidad del cono monetario vigente desde la reconversión de 2008. Poco a poco las especies monetarias existentes fueron perdiendo valor de cambio por efecto de la elevada inflación. El gobierno, desde entonces hasta ahora, aplicó la "estrategia del avestruz" para desconocer la inflación galopante (esconder la cabeza para no ver el peligro). Así, decidió ignorar estas señales y mantener el cono monetario (en su lógica, emitir billetes más altos oportunamente sería reconocer que perdió el control sobre los precios y eso no era conveniente a “su imagen”).

    Esto trajo como consecuencia la desaparición de las especies metálicas cuando el valor del metal del cual estaban hechas superó al valor facial o nominal, y progresivamente de los billetes (si, como afirmó entonces el gobierno, por “mafias” colombianas y brasileñas que se aprovecharon de la negligencia en el manejo del cono y se dedicarona reusar el papel moneda -en falsificaciones de dolares-, o hacer arbitraje cambiario -triangulación en la frontera Bs.>peso>dólar>Bs-, o para comprar bienes subsidiados en Venezuela -con complicidad interna-).

    Para mediados de 2016 la crisis superó al gobierno y a este no le quedó más remedio que propiciar el cambio del cono monetario. Con un retraso de dos años, sin resolver los problemas de fondo y en el marco de una economía de subsidios mantenida con enormes emisiones de dinero inorgánico, ese “cambio de cono monetario” (de diciembre de 2016) nació destinado a fracasar.

    A partir de ese momento todo empeoró. El gobierno  no pudo desmonetizar al antiguo cono monetario y tampoco pudo establecer el nuevo. Resultado: los males terminaron multiplicándose exponencialmente. Además, las enormes emisiones de dinero y la consecuente hiperinflación hicieron que el bolívar se fuera deteriorando en todas sus funciones (si agregamos las bajísimas tasas de interés, la caída de la reservas internacionales y del PIB, y la devaluación, entonces sería posible hablar de “aniquilación del bolívar”).

    Por otro lado, la mediocre política monetaria terminó desequilibrando la relación entre liquidez (que para febrero 2018 alcanzó los 149,8 billones de Bs.) y el circulante (monedas más billetes, que alcanzaron apenas los  6,1 billones de Bs.). Si consideramos que:

    Liquidez = circulante + dinero bancario
    149,8 billones = 6,1 billones + 143,7 billones

    Esos 143,7 billones de Bs. depositados en los bancos no pueden ser convertidos en bolívares reales (pues porque hay solo 6,1 billones en monedas y billetes). En consecuencia, se desencadenó una crisis de “escasez de efectivo”; problema que a la fecha de hoy no solo se percibe como grave, sino como insoluble.

    Esta enorme crisis justifica las medidas, pero la pregunta clave no es si esto era necesario o no, sino...

    ¿Están dadas las condiciones?


    No, absolutamente no…

    Revisemos el ecosistema: tenemos un bloqueo financiero que dificulta el financiamiento externo, tenemos una economía insustentable y altamente dependiente de las importaciones (en especial alimentos y medicinas), tenemos un recurrente déficit en la gestión gubernamental que obliga a emitir dinero inorgánico, (en consecuencia) tenemos un escenario hiperinflacionario altamente inercial, tenemos bajas tasas de interés, tenemos vectores devaluacionistas activos, tenemos controles de precios… y algún que otro aspecto que no puedo enunciar ahora.

    Lo anterior obliga a pensar en cuanto tiempo pudiera perderse el valor del nuevo “bolívar soberano”, especialmente cuando las causas que destruyeron al anterior cono, no solo están vigentes, sino que se han profundizado.

    En conclusión, antes de iniciar este proceso necesario de “reingeniería monetaria” había que hacer una "reingeniería en la política económica general" para crear las condiciones que impidan que que el  mismo no se transforme en una medida a la cual, en poco tiempo, se tenga que reparar o rehacer.

    Así como el proceso de diciembre de 2016, la actual medida está destinada a fracasar si no se acondiciona el ecosistema económico.

    ¿Y los costos de estos manejos?


    Uno de los aspectos olvidados del análisis de este problema reside en el costo de estas reformas.
    En diciembre 2016 se pusieron en circulación seis nuevos billetes. Un año después se introdujo un séptimo billete. Apenas un año y cinco meses más tarde todo esto perderá validez (a pesar de que nunca llegó a consolidarse).

    Una sustitución del cono monetario como esa última (fracasada) debió costarle al país cientos de millones de dólares. Se dice que a la banca privada, la adecuación tecnológica le costó decenas de millones de dólares; ¿Cuánto le costaría la BCV y al estado mismo?.

    Este proceso actual, de mayor complejidad, también debe ser muy costoso. Considerando esto, no resulta “adecuado” emprenderlo sin la certeza de que las posibilidades de éxito superen a la de fracaso.

    Pero el que no puede lo menos…


    Se sabe que el proceso de sustitución del cono monetario de 2016 fracasó rotundamente, le quedó grande (al gobierno y al BCV). El problema es que una sustitución del cono monetario (sin querer decir que es algo simple) es la más sencilla de todas las reformas monetarias. Ahora se tiene un reto superior, un proceso que luce más complejo y que va a ser ejecutado por los mismos actores.

    Soy de esos que creen que quien no puede lo menos, tampoco puede lo mas...

    Si a esta evidente incapacidad negligente demostrada en el pasado le sumamos los aspectos negativos descritos en los apartados anteriores, las razones para ser optimistas se tornan infinitesimales.

    Pero… ¿y si resultara bien ejecutado?


    Supongamos (y esperemos por nuestro bien, y a pesar de todo) que por cosas de la providencia este proceso se lleva a cabo, ¡y sale bien!... Tendría un efecto POSITIVO sobre el funcionamiento de la economía, pero muy residual.

    El presidente Maduro, al hacer los anuncios afirmó que el “esta nueva reconversión monetaria sea exitosa para la estabilidad y la felicidad económica de Venezuela” (sic). Casi un discurso calcado de su antecesor.

    Sin embargo, aparte de la facilidad de la expresión contable y del mejor manejo de las transacciones (lo cual no es despreciable) no vislumbro otros efectos.

    Este cambio en meramente nominal.

    Ningún elemento nominal de la moneda se relaciona con la inflación, en otras palabras, quitarle “ceros” a la moneda no hace cambiar el porcentaje de variación de perdida de su valor. Y eso, más temprano que tarde, se hará evidente.

    La estabilidad económica no se alcanza con “maquillaje monetario” sino con una verdadera y eficiente política económica que propenda, según las condiciones particulares de Venezuela, a disminuir la liquidez (exagerada gracias a las necesidades populistas del Gobierno) y aumentar el PIB (destruido gracias a la retrogradación ideológica -también del gobierno-). Mientras eso no se alcance, no habrá absolutamente nada que haga estabilizar nuestra economía.

    Finalmente


    Esta reforma, por muy compleja que luzca, no garantiza que se corrijan los puntos más problemáticos del sistema monetario ni sus efectos macroeconómicos. No establece nada sobre la indisciplina monetaria (la excesiva emisión explica más del 80% de nuestra inflación) y tampoco de la relación circulante-liquidez (que explica el 100% de la escasez de efectivo). Tampoco contempla modernizar el régimen cambiario (causante de la devaluación), ni ajustar la tasa de interés (factor del desahorro y la desinversión)... asuntos de fondo que si garantizarían (cito al Presidente) “la estabilidad y la felicidad económica de Venezuela”.

    Yo no me ilusionaría para nada, no por ahora...

    No hay comentarios.:

    Publicar un comentario


    Lo + de la semana

    Lo + del mes

    Lo + del año